Elías Medina P.
La Paz, Baja California Sur.- La minería va a ser un alivio para los pueblitos, pues en estos no hay trabajo, no hay nada. Hemos trabajado mucho la minería y no pasa nada, el arsénico crudo no hace nada, es peligroso cuando se quema o en el polvo pero a nosotros nunca nos ha pasado nada, dice don Arturo Manríquez Flores, ejidatario de San Antonio de 83 años de edad, descendiente de mineros de esa comunidad rural ubicada unos kilómetros al sur de La Paz.
Dice haber trabajado como minero en diversas tareas; jalando aguas puercas de las minas durante las noches, de barretero, en los chiflones o quebrando bronce para mandarlo a San Francisco en la época en que gobernaba la entidad el general Agustín Olachea.
Su padre y su abuelo también fueron mineros. «Se nos ha quitado el hambre con la minería, y por eso está a favor de la minería, seguro, cien por ciento», dice.
«Ojalá me entrevistaran a mí los diputados y los ambientalistas que se oponen; yo les iba a decir la verdad», añade.
Atribuye la animadversión a esta actividad a «un amigo» que entró a la Semarnat y luego a trabajar en la mina La Testera siendo gobernador Narciso Agúndez. De San Antonio se fueron caminado hasta la mina para inaugurarla, recuerda, y ese amigo trabajó ahí, Manuel Trasviña, pero algo pasó, algo salió mal, dice.
Quieren la minería solo para ellos, dice, mientras que un vecino que se incorpora a la entrevista efectuada en el patio de la vivienda de don Arturo Manríquez Flores, asegura que Manuel Trasviña, sigue siendo el jefe de la Testera pero cuando va a trabajar no pasa por San Antonio para no ser visto por los vecinos, se va por allá, por atrás, afirma.
A sus 83 años don Arturo Manríquez Flores dice que todavía tiene ganas de regresar a trabajar la minería.
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