30 de julio del 2015
En julio de 2015, comunidades afectadas por la minería de 18 países —incluyendo México— fueron convocadas a un encuentro sin precedentes en Roma, organizado por el Pontificio Consejo de Justicia y Paz, en colaboración con la red Iglesias y Minería. Bajo el lema “Unidos a Dios escuchamos un grito”, líderes y representantes territoriales compartieron experiencias de violaciones a derechos humanos, despojo, criminalización y contaminación provocadas por la industria minera, al tiempo que denunciaron la complicidad de gobiernos y corporaciones.
Como resultado de este histórico encuentro, se elaboró una carta abierta dirigida a la Iglesia Católica y a la opinión pública internacional, en la que se hace un llamado firme a no ser cómplices del extractivismo, a fortalecer la defensa de los territorios, y a construir procesos pastorales y políticos que prioricen el cuidado de la vida, la justicia ambiental y la dignidad de los pueblos. En el documento se reafirman el derecho de las comunidades a decir “no” a la minería y se exige el reconocimiento de zonas libres de minería como expresión legítima de su autodeterminación.
Desde la REMA, compartimos esta carta como una herramienta de articulación global, espiritual y política para todas las luchas territoriales, y celebramos que la voz de las comunidades haya resonado hasta el corazón mismo del Vaticano.



